Íbamos en mi coche regresando a casa, habíamos estado tomando algo pero no me había afectado excesivamente y me dio el arrebato. No soy excesivamente impulsivo pero hay veces que si se me cruzan los cables.
- ¿Que haces?- Dijo Ana, pero no respondí simplemente la miré pícaramente y continué por el carril al que me había salido al darme el arrebato.
En el fondo yo también me vi sorprendido por el traidor que llevo dentro, no soy de follar en el coche salvo casos de extrema necesidad y la verdad es que estábamos a escasos cinco minutos de mi casa. El coche se me hace extremadamente incómodo donde este una cama que se quite lo demás que ahí si se puede jugar bien jugado.
En mi coche actual sólo había follado otra vez y no estuvo mal pero porque no estábamos dentro del coche, ella estaba a cuatro patas en mi maletero, esto es posible porque mi vehículo no tiene realce en la parte baja del maletero y yo estaba de pie fuera del coche, pero eso es otra historia.
Para colmo la noche tampoco acompañaba para hacer eso, no es que estuviera helando pero el fresquito que traía el viento se soportaba muy bien con ropa pero sin ella resultaba incómodo.
Fue una odisea seleccionar el sitio, a Ana no le convencía la idea porque le daba algo de miedo, intenté tranquilizarla con lo típico que no pasa nada etc etc pero no se decidía la asustaba que se pudiera acercar alguien sin que le viéramos en plena faena y hasta que no la dije con cara de gatito de Shrek - que no pasaba nada que nos íbamos a casa - no se le ablandó el corazón, ¿El corazón? quería decir el coño que esto es un relato erótico.
Aparque el coche cerca de un puente que cruzaba una autopista, de vez en cuando pasaban coches, estaban lejos para ver realmente algo y la velocidad a la que circulaban impedía aún más fijar la vista, pero tenía cierto toque morboso el pensar que como alguien parase si que se podría deleitar con nuestro baile.
Besos y caricias para calmarla pero no lo conseguía hasta que me dediqué de pleno a sus partes más erógenas, me reserve una concreta para el final. Se donde tocarla una sola caricia ahí un simple beso o un roce con los labios, en ese punto concreto y toda su piel se muestra viva hablando a mis manos. Al conseguir excitarla se la olvidó donde estaba y ya se volvio mucho mas participativa.
Nos fuimos a la parte de atrás y la desnudé mientras yo me quitaba las botas y el pantalón usando mínimamente mis manos que ya estaban enzarzadas en el cuerpo de Ana, como siempre se me enzarzaron en los tobillos y al final tarde más de lo deseado en quitármelo. Empezamos dentro del coche ya ni recordaba lo incomodísimo que puede llegar a ser un coche. Solo conozco una postura posible, más o menos cómoda, ella encima mía, y a Ana la gustaba esa postura pero prefería otras en las que se la puede dar muchísima mas caña.
Mi incomodidad iba en aumento, no cogía la postura, no podía moverme con soltura y el deseo se estaba convirtiendo en ansiedad por conseguir penetrarla bien a fondo con dureza y con la soltura de moverme a un ritmo mucho mas frenético.
Pare un momento y me puse las botas, abrí las puertas y me baje del coche, si esto lo hubiese hecho antes de estar en medio de la batalla, me habría metido encogido de frío en el coche, pero estaba ardiendo por follarla como se merecía y ni siquiera note la helada brisa. La agarre de las piernas y la arrastre suavemente justo hasta el borde del asiento, sus piernas quedaron fuera del coche, su espalda en el asiento y su culito parte en el aire y la otra apoyada en el final del asiento.
Al colocarla así y ver su flor iluminada por la luna llena, me arrodille y mientras la sujetaba las piernas saboree sus esencias más íntimas, estaba ya muy encendida, aunque yo no había cogido la postura, ella si lo había estado disfrutando, y sus delicias emanaban recien folladita con un sabor intenso que me enloquecía. Luché por seguir nutriendome de sus placenteros efluvios pero mi polla pedía penetrarla sin piedad como a ella la gusta en los polvos salvajes. A saco desde el principio, con velocidad y profundidad manteniendo el ritmo mucho tiempo.
Al poco ya puso su cara de zorrita siempre ocurre cuando desea correrse, su cara cambia poniendo una expresión muy pícara y su mano se fue bajando a buscar su tesorito de placer. Derramándose enseguida para mi, muchísimo antes de lo que yo esperaba. Sin duda el morbo de estar follando prácticamente fuera del coche, que los conductores de la autopista pudieran ver nuestras siluetas en aquella noche de luna llenísima, había tenido un efecto embriagador, una carga extra de morbo.
El verla disfrutar en su siguiente orgasmo ya abandonada a sus jadeos me hizo perder el control ocurriendo algo inesperado para mi. Ella se había mostrado tan escandalosa como siempre, perdía el control y nunca la importaba que pudiesen oir esos gemidos mágicos y salvajes. Pero yo, cuando me corro me muestro muy moderado imprimiendo sólo el volumen óptimo para que mi pareja me oiga y sepa que está ocurriendo, pero para que nadie cercano pueda oírme.
Pero esta vez en la soledad del campo, sin nadie a nuestro alrededor que pudiera oírnos. Me desinhibí del todo, empecé a jadear fuerte en los embistes previos al orgasmo y necesitaba más, mi cabeza hasta ahora había estado dentro del coche y la saque fuera mientras tiraba un poco de ella para poder seguir penetrándola con firmeza, mi cara se chocó de frente con la luna, empecé a jadear mas fuerte y a chillar sin control alguno como una puta bestia mientras mi polla se endurecía hasta límites insospechados.
Ya era inevitable había traspasado el umbral de poder controlar mi orgasmo y mi pene empezó a palpitar, en ese preciso instante en el que mi orgasmo iba a surgir empecé a aullar a la luna como un animal encendido mientras con cada estertor expulsaba mi semen con fuerza insana dentro de ella, debido a la intensidad de aquel orgasmo. Mis aullidos continuaron en aquel orgasmo fuerte, derramándome por completo dentro de ella hasta que mis pelotas se quedaron engurruñidas por no tener más que ofrecer, por haberlo dado todo.
Acabe metiendo la cabeza dentro del coche y dejándome caer encima de ella exhausto agotado por el esfuerzo, jadeante y sin respiración, mientras ella me apretaba contra si y acariciaba mi cabeza.
Aquella noche fui un hombre lobo gritando como jamas me había atrevido ha hacer y aullando de manera espontánea sin haberlo pensado anteriormente. Simplemente ocurrió me deje llevar por la soledad del sitio y la luna penetró en mi alma, para hacerme suyo. Me poseyó para aullarla a ella, mientra me derramaba en el interior de Ana salvajemente.
Y sin duda esos instantes como tantos otros que Ana me proporcionó se han grabado a fuego en mi piel.