Cuando abrí los ojos tarde un rato en saber que estaba en mi propia habitación, pero es que no me acordaba de como había llegado allí, lo último que recordaba era la puta cena de empresa y ni un recuerdo posterior. Lo cual me acojonaba sobremanera porque cuando bebo tanto como para no acordarme casi siempre la lío.
Un vistazo al despertador y joder el respingo fue un acto reflejo las 09:05 tenía que estar currando y aun seguía en mi casa, salí corriendo, café, nurofren, ducha rápida y en quince minutos estaba cerrando la puerta de mi casa.
Hasta las 9:45 no entre en la oficina y fui del tirón a por otro café porque el efecto del anterior ya se me había pasado, eso sí el nurofren seguía sin funcionar.
-Hombre Miguel, no te esperaba tan pronto.- La frase sonó lapidaria, era Jesús de recursos humanos y al girarme pude ver la sorna de su sonrisa.
-Buenos días Jesús, ya ves ni yo mismo pensaba que vendría a esta hora después de la fiestecita ¿No?- Dada mi alcolepsia espere paciente una mueca, una risa que me diera pistas de hasta donde había metido la pata la noche anterior.
-Te recogiste prontito este año, justo después de la ronda de chistes, aunque ibas bien cocido.- Su carcajada posterior retumbo en los avernos de mi cabeza ,rebotando sin parar mientras me daba palmadas en el hombro.
Así que en el camino a mi puesto intente rememorar lo acontecido, este año acudí a la fiesta sin pareja. Debo pertenecer a la única empresa española en la que hay que ir con acompañante a la fiesta. El año pasado lleve a una amiga y luego tuve que soportar tres meses de preguntas sobre ella en la oficina así que me juré no volverlo hacer. No recordaba nada relevante durante la cena y como es menester todos los años el boss me requirió en petit comite, para la típica ronda de chistes tras los postres.
Me quedé petrificado ante el flash que se produjo en mi mente me llegó el primer recuerdo perdido y los colores estallaron en mi cara.
Me senté como siempre cerca del jefe, porque más que una ronda de chistes parece una competición entre el y yo. Todos los años igual, a ver quien tiene el chiste mas asqueroso y verde, he contado chistes realmente escandalosos otros años, así que mi rubor no fue por las burradas dichas.
La mujer de mi jefe se sentó a mi lado cuando ya estábamos avanzados en la competición. Es una mujer que rozará la cincuentena pero con una clase y estilo poco peculiar, lo que la hace parecer más bien cuarentañera, despierta deseo allí donde va, creo que incluso entre las mujeres. Al poco noté una mano en mi rodilla, pensaba que era un error, un roce por accidente cuando empezó a recorrer mi muslo con sus largas uñas y llego a mi paquete.
En ese momento la mire despavorido, pero todos continuaban con sus risas, obviamente la tensión hizo imposible una erección que en en otra situación hubiese sido inmediata, pero Clara estuvo decidida y me desabrocho poco a poco el pantalón. Hizo una pausa en sus diestros movimientos cuando me tocó contar un chiste, pero para cuando termine mi miembro estaba entre sus manos y ya reaccionando. Continuaron las rondas y me fui relajando nadie parecía darse cuenta del pajote que me estaba haciendo, bendito mantel, cuando mis manos se apoyaron en mis muslos, Clara me agarro una y la llevó a su sexo, ella misma retiró el vestido para que mi mano entrase en contacto con su piel y mis dedos escarbaron hábiles para retirar su braguita, buffffff aquello era una fuente, más bien un manantial, saque mi mano y con disimulo me la lleve a la cara primero cerca de la nariz y después a los labios que quedaron ligeramente impregnados de su ser, aunque duró poco porque mi lengua recolectó su néctar.
La explosión de sabor y olor en mi mente consiguió que mi excitación se multiplicara, por lo que baje mi mano para coger la suya e impedir que continuara. La miré con súplica en los ojos y afortunadamente se apiado de mi parando. Diez segundos más tarde hubiese tenido un problema considerable, a saber como lo hubiese puesto todo.
El recuerdo me acojono, Clara la mujer del mismísimo jefe haciéndome un pajote delante de su marido y otros cinco allegados a la directiva. Al sentarme en mi puesto mire las caras de los que me rodeaban, necesitaba pistas sobre mis metedura de patas en la cena. Pero no note nada particular.
Lo único extraño era el ir y venir de el jefe con su cara de preocupación y constantemente móvil en mano, afortunadamente el día terminó sin muchas incidencias, soy el informático de la empresa y casi siempre me tienen mareado de aquí para allá, pero supongo que por las resacas de todos, andarían currando poquito y no tuve que estar dando muchos paseos.
Estaba deseando llegar a casa, me merecía una ducha de las buenas, en el ascensor me quite la chaqueta metí la mano en el bolsillo lateral para coger las llaves cuando me tope con una nota escrita “Vete a tu coche y espérame allí, yo tardare media hora cuando te marches”
Y abriendo la puerta de mi casa mi incredulidad ante la nota era pasmosa, fijo que esa nota era de Clara y desee no haberla encontrado esa noche. Al cerrar la puerta y encaminarme a la ducha me sobresaltó su voz.
-Hijo de puta, pedazo de cabrón como te has atrevido a dejarme encerrada en tu casa.- Mi cara de incredulidad al ver a Clara en mi sofá tuvo que ser muy elocuente porque añadió:
-Serás cabrón si ni siquiera te acuerdas que estabas conmigo- En mi salón había algo que no cuadraba platos en la mesilla, que empezaron a lanzarse secuencialmente contra mi y que yo esquivaba con destreza, aunque alguno me dió de rebote, porque al contrario de como pasa en las películas, no todos se rompen al chocar en la pared, algunos sobreviven con deseo de alcanzar a su objetivo en su segunda oportunidad y fui alcanzado, mientras ella seguía chillando.
-Puto friki de mierda, ¿Que tipo de informático no tiene ni teléfono en casa ni internet? o ¿un duplicado de la puerta de la casa?- Ante su mirada replique:
-¿Y porque no has usado tu móvil?
-¿Porque no tiene batería y tampoco tienes ningún cargador en casa?- Afortunadamente para mi, los platos se habían acabado. Salió como una exhalación de mi casa, cerrando con el pertinente portazo.
Mi numero se encendió en el panel indicándome la mesa cinco, malévola rima que el destino me guardaba. Entregue los papeles y tras observarlos el funcionario del INEM me pregunto el motivo de mi despido, a lo que solo pude responder con un:
-Buffffffff
No hay comentarios:
Publicar un comentario